TUTANKHAMON

TUTANKHAMON

Faraón del Antiguo Egipto h. 1346-1337 a de C., perteneciente a la XVIII dinastía (m. H. 1337 a de. C). Yerno de Akhenaton, sucedió a este cuando aún era un niño y casó muy joven con la princesa Ankhesenamon. Reinó los primeros años con el nombre de Tutankhaton, que cambió tras restaurar el culto a Amon, aunque verdaderamete fue su consejero Ay quien gobernó de hecho el país, y Horemheb dirigió el ejército. Trasladó a la capital de Tell el-Amarna a Tebas. Murió a los 19 años. Su tumba fue descubierta íntegra por Howard Carter y lord Carnarvon en el Valle de los Reyes (04.11.1922). Los hallazgos particularmente la máscara de oro depositada en el triple sarcófago, se encuentran actualmente en el Museo Egipcio de El Cairo.

¿Quien fue Tutankhamon?

Tuthankamon pronto subió al trono, a la edad de diez años y la muerte, igualmente le sorprendió joven, cuando tenía veinte años. Existen muchas incógnitas sobre su existencia. Incógnitas que el fastuoso tesoro hallado fortuitamente, no ha podido resolver. Su origen, su vida y su muerte, siguen siendo un misterio.

Tras años de investigaciones, y alentando el temor de no encontrar sino otra tumba saqueada, la tarde del domingo 26 de noviembre de 1922 el arqueólogo Howard Carter perforó la puerta de yeso y arcilla que bloqueaba la entrada a la antecámara funeraria de la tumba de Tutankhamón, cuya puerta había abierto dos días antes.

Entonces fue el deslumbramiento. A la escasa luz de una vela introducida por la hendidura pudo ver “extraños animales, estatuas y oro. Por todas partes resplandecía el oro.” Había llegado a una estancia abarrotada de objetos que hasta entonces nadie hubiera esperado encontrar: carros desmontados, muebles, estatuas, docenas de objetos que sólo se habían visto en pinturas de paredes de otras tumbas, y también señales de caos y desorden. En el suelo, aun se veían las huellas de las últimas personas que habían estado en ese mismo sitio tres mil quinientos años atrás.

El 16 de febrero de 1923 tubo lugar la apertura oficial de la cámara funeraria, que puso al descubierto la gran capilla dorada en cuyo interior –protegido por otras tres capillas, el sarcófago y, dentro del mismo, tres ataúdes antropomorfos- se hallaba el cuerpo del faraón.

Las labores de vaciado de la tumba y preservación de las piezas allí encontrada se prolongaron durante una década. En un principio se creyó que este material añadiría importante información sobre los misterios que rodeaban la vida y la época de Tutankhamón, pero el tiempo demostró que la tumba no ofrecía ninguna respuesta a tales cuestiones. Es cierto que el hallazgo, proporcionó gran cantidad de información sobre el mundo del arte, las costumbres religiosos y los ritos funerarios de la época, pero no aportó certeza alguna sobre la vida de este rey ni sobre sus orígenes. Tutankhamon seguía siendo un completo enigma.

Sin embargo, el hallazgo de Carter, convirtió a Tutankhamon en el faraón más conocido por el gran público de todos los que reinaron en los tres milenios de historia del antiguo Egipto.

La fascinación del Occidente contemporáneo por Egipto se había despertado a raíz de la conquista del país de las pirámides por Napoleón, en 1798. Durante el siglo XIX miles de europeos peregrinarían al país del Nilo para volver con féretros, momias y todo tipo de objetos adquiridos en un creciente y descontrolado mercado de antigüedades. Generaciones de saqueadores de tumbas contribuyeron a la desaparición de los testimonios de ese complejo culto funerario que constituía el críptico despliegue de la historia de Egipto. En 1922, y cuando nadie lo esperaba, cientos de esos objetos vistos sólo en pinturas se mostraron por primera vez a los ojos de los especialistas en perfecto estado de conservación. Con ellos, parecía nacer la posibilidad de conocer mucho mejor una de las etapas de la historia egipcia que despertaban mayor fascinación: el final del período de Amarna, la época de la herejía de Akhenaton, en el siglo XIV a.C. A este entusiasmo científico se le sumó otra pasión, la del oro que la cripta guardaba en enormes cantidades. Por último, la tumba abierta en 1922 divino, para el público y los investigadores, en un símbolo del irreprimible deseo de hallar respuesta a las eternas preguntas sobre nuestro origen y destino.

Varias opciones.

Quien fue ese oscuro rey de la riquísima tumba que alcanzó el poder cuando apenas era un niño y que hoy se ha convertido , junto con las pirámides de Gizeh, en el icono más popular de Egipto? ¿Quiénes fueron sus padres? ¿Cómo murió?
Ninguno de los documentos conservados y conocidos hasta el momento menciona los orígenes de Tutankhamón ni dice explícitamente quiénes fueron sus progenitores.

Que Tutankhamon era de linaje real lo probaría una inscripción en un bloque de piedra caliza procedente del gran templo de Aton en Amarna, y hallado en las ruinas de Hermópolis, en la orilla oeste del Nilo, donde se puede leer: “hijo del rey, de su cuerpo, su amado, Tutankh-Aton”.
Respecto de su padre, los especialistas se muestran divididos. Para algunos fue Amenhotep (Amenofis) III; para otros, lo fue su hijo Amenothep IV, llamado más tarde Akhenatón. Otras versiones niegan su linaje real y lo creen hijo del jefe de carros Ay o de Esmenjkare, el sucesor de Ahkhenaton.

Hay varias inscripciones que parecen abonar la tesis de que Amenhotep III fue el padre, aunque de ser así se debería aceptar una larga corregencia de Amenhotep III y Akhenaton (ya que ellos supondría que Amenhotep III había vivido lo bastante como para engendrar al pequeño Tutankhamon): un hecho que algunos autores ponen en duda, y sobre cuya duración –en caso de haberse producido- otros muchos no se ponen de acuerdo.

Fuesen o no padre e hijo, Tutankamon acabó varios de los trabajos empezados por Amenhotep III, como la decoración de parte de los muros laterales y columnas de la gran columnata procesional del templo de Luxor, donde menciona en ocho inscripciones Amenhotep III como su padre. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en el antiguo Egipto el término “padre” tenía un sentido muy amplio y servía igualmente para designar al abuelo o a algún otro antepasado o predecesor. El propio rey Ay, sucesor de Tutankhamon, nombra en algunas ocasiones a Amenhotep III como su padre.

También es posible que Tutankhamon señalara a Amenhotep III como su pade para distanciarse lo más posible de la época anterior de Amarna, en que Akhenatón impuso el culto al disco solar de Aton en detrimento del culto a Amon, que el rey niño se encargaría de restaurar. De este modo se podría erigir como su heredero directo, olvidando el período de Amarna y la imposición del culto de Aton. Las contradicciones que mantienen vivo el enigma vuelven a aparecer dentro de la propia tumba: entre el ajuar funerario se hallaron numerosos objetos de la época Amarna, algunos con el nombre del propio Akhenaton, que nunca habían sido retocados ni alterados.

Sobre la madre del rey.

Nada se sabe con seguridad. Una de las candidatas es la reina Tiyi, la gran esposa real de Amenhotep III, que debería tener aproximadamente unos 48 años al nacer Tutankhamon, en la década de 1350. ¿Demasiado mayor para engendrar y dar a luz? No del todo: dos años atrás habría alumbrado a la princesa Beketaton (aunque se ha señalado que ésa podría ser hija de una de las esposas secundarias de Akhenaton). En la tumba de Tutankhamon se encontró un mechón de cabellos de Titi, quien, en todo caso, fue abuela de Anjesenamon, tercera hija de Akhenaton y Nefertiti y esposa de Tutankhamon.

¿Era este último, como Anjesenamon, hijo de Akhenaton y Nefertiti? ¿O bien era hijo del rey de Kiya, su esposa secundaria? Un descubrimiento realizado en Hermópolis reforzaría esta segunda hipótesis: donde se halló el bloque que menciona a Tutankhamon como hijo de rey se encontraron otras inscripciones en las que aparecen los nombres de Akenathon, Nefertiti y Kiya, pero no hay referencias a Amenhotep III o a Tity, sus supuestos progenitores.
Y. como es sabido que Akhenaton y su esposa principal Nefertiti tuvieron únicamente seis hijas, que aparecen en numerosos relieves junto a sus padres, y como también se sabe que Akhenaton tuvo más hijos con otras esposas secundarias, se señala como madre del rey niño a Kiya, la más conocida y de mayor influencia. Kiya podría ser una hija de Tushratta, rey de Mitani: la princesa Tadujepa o Tadukiya, nombre del que Kiya sería una abreviatura. Esa princesa de Mitania dio a Akhenaton una hija, y se cree que probablemente le dio un hijo varón, que algunos identifican como Tutankhamon.

Además en un relieve de la tumba real de Akhenaton en Amarna (cámara Alfa, muro F) hay una escena de duelo por la muerte de un miembro de la familia real, que para algunos investigadores es Kiya, muerta, quizá, durante el parto de Tutankhamon. El relieve muestra a una nodriza que sale de la habitación del duelo y sostiene a un recién nacido. La acompaña una sirvienta que porta un abanico, símbolo de la realeza. Precisamente Kiya desaparecería de la historia hacia el año 11 del reinado de Akhenaton, fecha que coincide, aproximadamente, con el posible nacimiento de Tutankhamon.
No obstante, hay una escena similar en otra habitación de la tumba de Akhenaton (cámara Gamma, muro A) donde se representa la muerte de Maketaton, la segunda de sus hijas. Allí también hay una nodriza con un recién nacido en brazos y dos sirvientas con abanicos. Los textos que acompañan esta escena, conservados en parte, han dado lugar a interpretaciones muy diferentes: en el pequeño se ha visto tanto el vástago alumbrado por Maketaton en el parto del que murió, como otra representación del pequeño Tutankhamon, esta vez como hijo de Nefertiti.
Como se ve, los enigmas sobre el origen del faraón están lejos de desvelarse, y las propuestas se suceden a medida que se revisan datos antiguos o aparecen otros nuevos, como el descubrimiento en 1997, de la tumba de Maia, nodriza del Rey, en Sakkara.

El niño sube al trono.

De lo que no hay duda es de que fue Tutankhamon quien, con el nombre de Tutankhaton (“imagen viviente de Aton”), sucedió a Esmenjkare, rey que, a su vez, habría sucedido a Anjeperure Neferneferuaton, corregente de Akhenaton. Este corregente ha sido indentificado por algunos autores con la propia Nefertiti, e incluso se ha creído que Emenjkare no sería sino esta reina, que quizás habría desaparecido de la escena política tras un fracasado intento de mantenerse en el trono de Egipto mediante la unión con un príncipe hitita.

Puesto que Tutankhamon no llegaba a los diez años de edad cuando accedió al trono, es indudable que fueron otros quienes durante su reinado movieron los hilos del poder: el “padre divino” Ay y los generales Najtmin y Horemheb, que ya habían sido altos dignatarios de la corte de Akhenaton.

Ay se mostrará muy próximo a Tutankhamon, apareciendo siempre como porta-abanicos a la derecha del rey, y ostentando el prestigioso título de jefe de los carros que ya poseía en tiempos de Akhenaton, un cargo desempeñado por la más alta nobleza del Estado. Su esposa fue nodriza de Nefertiti, cuya paternidad algunos autores han asignado a Ay, a quien se ha propuesto como hermano de la reina Tiyi, esposa de Amenhotep III. Por su parte, Horemheb -cuya segunda esposa Mutnedyemet era probablemente hermana de Nefertiti- ocupó durante el reinado de Tutankhamon el puesto de “regente”, aunque el verdadero poder estaba en manos de Ay, quien lo ejercía apoyado por Natjim, probablemente un pariente cercano suyo o quizá su propio hijo. Posiblemente antes de que Tutankhamon subiera al trono lo casaron con Anjesenpaatón, que debía ser dos años mayor que él. Con esta boda quedaba confirmada la transmisión al nuevo monarca de la esencia divina por parte de la joven princesa, que poco tiempo antes se había desposado con su propio padre.

El retorno al antiguo orden.

Es probable que la coronación del joven faraón tuviese lugar en Tebas, en el recinto sagrado del gran templo de Amon en Karnak, ya que de alguna manera era preciso reinstaurar el antiguo orden y la supremacía del dios tebano Amon en todo Egipto, restableciendo a Tebas como la capital religiosa, función que Akhenaton había trasladado a una ciudad de nueva planta, Amarna. El cambio de nombre de Tutankhaton a Tutankhamon (“imagen viviente de Amon”) a Anjesenamón, no se hizo de manera drástica, puesto que varios objetos hallados en la tumba del rey denotan que fueron realizados para esta ceremonia de coronación y aún presetan el nombre atoniano del monarca.

Otros objetos, como el Trono Dorado, fueron adaptados sustituyendo el nombre del dios Aton -que conformaba el nombre de Tutankhaton- por el de Amon, pero se dejó el nombre de Atón en la parte posterior y en lateral derecho, en esta pieza tampoco se alteró la típica representación del dios Aton en forma de disco solar radiante. La parte posterior del trono es el único lugar donde se menciona a su esposa con el nombre atoniano de Anjesenpaatón.

No se sabe dónde residió Tutankhamón al principio de su reinado, si en Tebas, Menfis o la propia Amarna. Pero después se trasladó a Menfis, donde probablemente Horemheb y Ay le inspiraron, hacia el tercer año de reinado, la promulgación de un real decreto que fue grabado sobre la llamada Estela de la Restauración.

 

Constructor y Restaurador.

En la estela se describe el lamentable estado en que se hallaban los templos de todo el país como consecuencia del abandono sufrido antes de su acceso al poder, durante el período de Amarna, cuando Akhenaton, dedicado al culto del dios Aton, había destruido estatuas, relieves y pinturas donde aparecían la imagen y el nombre de Amon. Por ello se puso en marcha la construcción y restauración de edificios. Además, se restableció en la jerarquía sacerdotal “a los hijos de los principales nobles y sabios reputados de cada ciudad, enriqueciendo sus propiedades con oro, plata, bronce y cobre sin limitación”. La huella más certera de Tutankhamon, es, así, la del rey que restauró el culto a Amón. Pero poco más se sabe.

 

El enigma de su muerte

Aunque rica para los arqueólogos, la tumba de Tutankhamon no se corresponde con la dignidad que se supone a un faraón, ya que es de reducidas dimensiones. ¿Por qué? Tutankhamon falleció de forma repentina, tras un máximo de nueve años de reinado, en la década de 1330 a.C. Es probablemente que su sucesor Ay adaptase a toda prisa una tumba privada ya existente -posiblemente la suya propia-. La cámara del sarcófago es la única que fue decorada pero sin seguir los cánones establecidos para una tumba real. En sus muros aparece la escena de la apertura de la boca del rey difunto realizada por Ay como rey sucesor, como si este último hubiese querido reafirmar su legitimidad para ocupar el trono egipcio. Este hecho y lo súbito de la muerte de Tutankhamon han alentado numerosas especulaciones sobre la causa de la misma, proponiéndose múltiples hipótesis al respecto. A finales de 1923, una priemra autopsia de la momia puso de manifiesto el deficiente estado de conservación de los restos. En 1968, una nueva exploración reveló la presencia de un pequeño fragmento de hueso en el cráneo, lo que dio un nuevo empuje a la teoría del asesinato, del que Ay habría sido el supuesto beneficiario. Más tarde se sugirió que este hueso habría sido desplazado de la región facial durante el procesode momificación, al insertar por la cavidad nasal los garfios para extraer elcerebro por la nariz. Un examen más reciente de las radiografías tomadas entonces permitió observar enla base del cráneo una mancha que se podría identificar como una hemorragia producida por un golpe que sólo podía explicarse si se había recibido en posición horizontal, es decir, mientras el faraón dormía. Otros creen que la causa de la muerte pudo ser un accidente o alguna enfermedad, pero el mal estado de conservación de la momia ha impedido obtener pruebas concluyentes.

A la muerte de Tutankhamon, Ay (de entre 60 y 70 años de edad) ofició su funeral y se coronó rey, probablemente legitimado por sus vínculos sanguíneos con la casa real. Respetó la memoria de Tutankhamon y no usurpó ninguno de sus monumentos, y murió tras cuatro años de gobierno. Sus representaciones fueron objeto de una destrucción sistemática que cabe atribuir a sus sucesor, Horemheb, quien también se encarnizó con la memoria de Najtmin. Sin duda, no fue ajena a estos hechos la pugna entre Ay y Horemheb por el ascendiente sobre Tutankhamon y la consiguiente lucha por el poder.

Horemheb dirigió su odio contra Ay (como lo demuestra la violación de su tumba, mientras que la de Tutankhamon quedó intacta) y prosiguió las reformas destinadas a borrar todo rastro de la época de Amarna; a él se deberían el desmantelamiento de esta ciudad y la demolición del templo de Aton en Karnak. Dejó como sucesor a un general: Ramses I, fundador de la dinastía XIX, cuyo nieto, Ramses II, ordenó suprimir de la lista de reales los nombres de Akhenaton, Tutankhamon y Ay. Condenado de este modo una perenne oscuridad, Tutankhamon emergería de ella más dos milenios después.

Bibliografía:

—Jaume Vivó *Thutankhamon, el misterio del faraón niño.* 2004. *Historia National Geographic*, vol.3, p. 38. Ed. RBA REVISTAS, S.A.

—*Enciclopecia Ilustrada Del Mundo Moderno.* 1984 vol. 12, p. 3973, Ed. Plaza & Janes, S.A.

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